Nº 1. Manipular el cerebro.
El órgano que más incide en nuestra forma de ser: el cerebro. Los circuitos electroquímicos que configuran nuestra mente no son inmutables, el entorno moldea continuamente el entramado de neuronas. Los retos de la neurociencia apuntan a aprovechar esa plasticidad, y encontrar los estímulos adecuados para tratar o incluso perfeccionar el funcionamiento del cerebro humano.
Punset, junto a Álvaro Pascual-Leone, neurólogo del Harvard Medical School, hablan del funcionamiento de la “estimulación magnética transcraneal”, un método para modificar la actividad de las vías neurales sin la administración de fármacos ni la utilización de cirugía.Si se puede alterar determinados circuitos neuronales, estudian la posibilidad de que ¿se podrá también llegar a modificar el comportamiento o mejorar nuestras habilidades mentales? ¿Es posible manipular el cerebro para modificar nuestra forma de ser o acabar de una vez por todas con las enfermedades mentales?
Nº2. La intuición no es irracional.
Los científicos están comenzando a demostrar que la intuición puede ser más efectiva que los modelos de elección racional. Ante cualquier decisión, se consideraba que lo más acertado era elaborar listas con los pros y los contras para tomar la mejor elección. Ahora, sabemos que las decisiones instintivas son eficaces. A veces mucho más que una elección racional.
Gerd Gigerenzer, autor del libro “Decisiones instintivas” y director del Centro para la Conducta Adaptativa y la Cognición del Instituto Max Plank, ha sido pionero en atribuir al inconsciente y a la intuición un papel esencial en la toma de decisiones. Según le explica a Eduard Punset, en sus experimentos sociales, Gigerenzer ha analizado la intuición y ha descubierto que tomamos mejores decisiones si tenemos en cuenta una buena razón que si tenemos en cuenta diez.
Como casi todo, el motivo de ello es evolutivo. El proceso de elección se basa en una serie de reglas generales que nuestro cerebro ha ido aprendiendo a lo largo de miles de años. Esas reglas forman parte de una especie de libro de instrucciones al que recurrimos ante cada situación y en el que hallamos respuestas rápidas y precisas.
Esto es lo que se llama “regla general” o “heurística”. Una heurística ignora información, y esto es lo que acelera la toma de decisión en la situación adecuada. En nuestra vida cotidiana, a menudo nos regimos más por reglas generales que por lo que solía llamarse racional.
Nº 3. No hay uno sino varios universos.
Si había algún tema en el que existía un consenso amplio, incluso entre científicos y religiosos, ese era el origen del Universo. Paul Steinhardt, físico y cosmólogo de la Universidad de Princeton, ha concebido un modelo teórico que desconcierta a los religiosos y sorprende a los académicos. Según el modelo cíclico de Steinhardt, el cosmos no tiene principio ni fin.
El Universo ha comenzado hace 13.700 millones de años tras el Big Bang. La materia que hoy conforma miles de millones de galaxias y billones de estrellas estuvo comprimida en un punto más pequeño que una cabeza de alfiler, momento en que comenzó a existir el tiempo y el espacio. ¿Cómo sucedió la creación del universo a partir de la nada? Para los científicos, la respuesta es un misterio pero, para muchos religiosos, un escenario muy cómodo en el que situar a Dios como el origen de todas las cosas.
El modelo de Steinhardt especula que el universo es una sucesión infinita de Big Bangs. No se trata del Big Crush con el que se especulaba que el Universo podría contraerse nuevamente tras finalizar su expansión. Esta idea ya ha sido descartada y el modelo de Steinhard es diferente. Sus ideas parten del modelo inflacionario que surgió como un parche para las preguntas que el modelo de Big Bang no podía explicar. Rafael Rebolo, astrofísico del Instituto Astrofísico de Canarias, también nos ayudará a comprenderlo mejor.
Curioso por las ideas de otras culturas, Steinhard ha encontrado muchas sintonías entre su modelo cíclico y las cosmogonías de diversas religiones. El Génesis mismo, tradicionalmente cercano al Big Bang, tiene una interpretación distinta en el Talmud en el que el mundo habría sido creado muchas veces antes del actual. La sintonía más cercana está en la cosmogonía hindú, que manejaba cifras parecidas a las que baraja el modelo cíclico.
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